jueves, 27 de enero de 2011

Tienen que morir

Lola soñaba con romances de Hollywood y cantantes de bolero, pero José nunca se arrodillaría para pedirle matrimonio y, aunque tenía un aire a Luis Miguel, nunca hubiera cantado una canción de amor. Tenían sexo solo por rutina, ya les era indiferente a causa de la costumbre, solo cuando había sangre de por medio les causaba placer. Lo que realmente disfrutaban era hacer cosas juntos.
Raúl no lo podía comprender ¿Cómo dos personas tan diferentes, que eran los estereotipos que la sociedad hace del hombre y la mujer, podían amarse tanto? No lo concebía, esos dos no debían estar juntos. Aunque su relación era solo de vecinos y no los conocía en lo más mínimo, les deseaba lo peor. Para él cada uno de ellos significaba que todas las pavadas que dice la gente eran ciertas. Debía eliminar la evidencia de la estupidez humana, los tenía que matar. Nunca pensó llegar hasta ese punto, pero el odio lo comenzó a consumir hasta llegar a obsesionarlo.

Desde hace meses planeaba el asesinato, lo iba a hacer mientras esos malditos enamorados miraban el amanecer. El arma elegida era una pala, después de matarlos los iba a enterrar, pero en pozos separados.
Llegó el día del último acto y Raúl irrumpió en el patio de la casa contigua. Normalmente era a esa hora que los dos estaban como unos imbéciles hablando, pero no los encontró allí. En vez de eso sintió un fuerte golpe en la nuca y calló desmayado.
Se despertó en una silla, maniatado y amordazado. Lo último que vio antes de que su sangre dejara un charco en el piso, fue a esos dos engendros besándose mientras ella deslizaba un cuchillo suavemente por su garganta.
¿Cómo iba a saber que sus vecinos eran una pareja de asesinos, que la razón por la cuál estaban juntos era por el placer de matar, y que todo lo que él odiaba era solo una disfraz para ocultar su verdadera identidad?
Raúl murió tranquilo. En el último momento tuvo el alivio de saber que, efectivamente, la sociedad estaba confundida, los estereotipos son solo eso, estereotipos, y que sus vecinos no eran unos imbéciles, solo dos perversos asesinos.

-No apareció más Raúl. Le comentaba una vieja a la pareja sin saber que estaba firmando su muerte.

6 comentarios:

Nico dijo...

Moraleja: las apariencias engañan, y, si sos una vieja, no hagas comentarios con tus vecinos jajajaja

Abrazo grande.

Jr. dijo...

En realidad no hay moraleja porque es un cuento, las que siempre tienen que tener moraleja son las fábulas... Qué problema tenés con las viejas?

Saludos

Agus dijo...

Vi en un programa sobre asesinos seriales (o cereales ajaja) una pareja que torturaban, mataban y enterraban a nenes y después hacían picnis, se sacaban fotos y quien sabe que más sobre las tumbas... esto lo vi cuando tenia 8 años y no pude dormir durante varias noches. Tu relato me hizo recordarlo...

Jr. dijo...

Jajajaja, reviví los traumas de tu infancia.
Hay cada loco...

LeaN BuKa dijo...

Que tiene que ver que no sea fabula? No necesita ser fabula para dejar enseñanaza o moraleja... Los mitos dejan ensanzas, los cuentos tambien (como ''Los Anteojos'', de Edgar Allan Poe, por ejemplo)

Jr. dijo...

No se si leíste, pero yo dije: "las que siempre tienen que dejar moraleja son las fábulas". Eso quiere decir que los cuentos no necesariamente tienen que hacerlo, pero pueden en algunos casos.
Este cuento no deja ningún tipo de moraleja, en tal caso lo de los estereotipos, pero eso es solo un detalle.