miércoles, 23 de febrero de 2011

Cerveza

El viejo abrió la heladera y vio que ya no quedaba más cerveza, estaba casi seguro de haberla repuesto el día anterior, pero su memoria ya no era de fiar y el era un hombre deconfiado. Vivía con con su esposa Mimi, que era muy orgullosa y con su nieto Santiago, que estaba con ellos porque sus padres lo habían echado de su casa.
Ante la duda de la cerveza, subió las escaleras hasta el cuarto de su nieto. Al abrir la puerta sintió un fuerte olor a marihuana. A él no le molestaba, es más a veces lo obligaba a convidarle, pero a Mimi la volvía loca ver a su nieto drogándose en su propia casa.

-¡Santiago!¡Te dije que cuando fumaras lo hicieras en el techo!
-Perdón Atilio, es que el techo está mojado.
-Ah, ahora sos machito para fumarte un porro pero no podés subir al techo porque está mojado ¡Tu abuela me va a matar si te encuentra!
-Está bien, ahora subo.
-Esperá... ¿Vos te tomaste la birra?
-Esta vez no, lo iba a hacer pero no la encontré.

Atilio no se quedó convencido con la respuesta de su nieto, más allá de su personalidad desconfiada, un joven de diecisiete años que fuma marihuana en su habitación no inspiraba nada de confianza.
Se dirigió al baño para ducharse. Era tarde y solo iba a comprar una cerveza en el almacén, pero por alguna razón siempre salía muy arreglado a la calle: zapatos bien lustrados, camisa a cuadros metida en el pantalón y un cuarto del frasco de perfume encima.
En el camino fue pensando si su memoria estaba tan mal o si su nieto le estaría mintiendo. Además del problema de la cerveza, también le vino a la mente el techo mojado, hace días no llovía ¡no podía estar mojado! Definitivamente, Santiago algo había hecho.

Llegó a su casa, abrió la cerveza, se sirvió un vaso y dio un trago largo ¡Aaah! -Exclamó con ese aire de alivio que tienen las persona después de haber pasado por una odisea-. "Un quilombo pero valió la pena" -dijo en voz alta-. De repente Mimi salió de la cocina.

-¿Quilombo por qué?
-Por la cerveza
-¿Esa que tenés en la mesa?
-¿Qué había otra?
-No no, no había nada.

A Atilio las cosas se le empezaban a acomodar, seguro había sido Mimi, pero Ella nunca se lo iba a admitir, además aún le quedaba inconcluso el tema del techo mojado. De todas maneras, ya no tenía importancia, tenía su vaso lleno y una cerveza bien fría a su lado. Ya aclararía sus dudas al subir a pedirle unas secas a su nieto.

4 comentarios:

Agus dijo...

Para mí que Mimi le mojaba el techo a Santiago para que no fume porro, esa mina nunca me cayó bien...
pd: Quiero un abuelo como Atilio

ju4no dijo...

muy bueno bestiaaa..
Atilio es un grande!



PD: quiero una frescaaa

Jr. dijo...

Agus: Jajaja, no se me había ocurrido eso.

Ju4no: Gracias che. Ideé al abuelo perfecto, jajaja.

PD: Juano, un día de estos tomamos una fresca.

Jazz dijo...

Jeje, está buena la historia.
Ahora me abro una Quilmes bien fría.
Saludos!