viernes, 16 de septiembre de 2011

La Abuela

Lo que más lo exasperaba eran el olor que emergía del "pantano" que tenía el la boca (a la cual le quedaban muy pocos dientes) y su manera de hablar en la primera persona del plural cuando solo se refería a ella misma.
Muchas veces sospechó que la vieja tenía doble personalidad y por eso hablaba de esa manera, pero más tarde se daría cuenta de que más que un trastorno de personalidades era pura esquizofrenia.
A la abuela le chiflaba el moño desde hacía tiempo. La gente que la rodeaba la venía sufriendo tanto económicamente como en aspectos emocionales.
Siempre le pareció increíble su capacidad para embaucar a la gente, era como esos estafadores profesionales de las películas a los que no les tiembla un pelo a la hora de mentir, pero ahora la vejez había deteriorado su mente más de lo que ya estaba y sus artimañas eran más fáciles de descifrar. "De seguro añora sus épocas de robarle a la gente", decía a menudo, y era cierto, la única diferencia era que ella lo llamaba "engañar".

Tener en su casa a la persona que representaba todo lo que él repudiaba y no poder hacer nada al respecto comenzó a desordenar su comportamiento y llevarlo por horizontes errantes en los que el sol y la luna eran uno y nunca se eclipsaban.
Comenzó a aislarse, a hundirse cada vez más en sus pensamientos. Su cabeza estaba siendo consumida por el odio y la impotencia. En su lugar yo hubiera matado a la vieja, pero no estoy en posición de juzgarlo, logró soportarlo hasta un punto impensable.

Cuando esa mujer a la que tanto aborrecía murió, ya era tarde. Su locura llegó al límite y dio tres pasos más. Su cabeza era una lluvia de montañas violetas que caía sobre los vestigios de su razón y los destruía dejando ciudades aplastadas de colores fluorescentes y el olor putrefacto de la boca de su abuela.

Al principio nadie se percató de su locura, el acostumbraba a actuar de manera extraña, pero cuando su comportamiento hizo a su patología evidente su familia decidió hacer lo que no habían hecho con la abuela: Llevarlo al psiquiatra.

El doctor estaba atónito, dijo no haber visto en toda su historia una patología semejante. La alteración mental había agudizado su inteligencia a tal punto en que su psiquis dejó de soportarlo y desbordó.


- No se que medicación darle, este trastorno no tiene precedentes. La droga equivocada podría terminar el trabajo de su corrosión mental ¡Carajo, esta patología ni siquiera tiene nombre!
- Puede llamarla Susana.- Dijo saliendo un instante de su naufragio por el inconsciente-.
- ¿Quién es Susana?
- La abuela...

7 comentarios:

Agus dijo...

Muy bueno che!

Darío dijo...

Y sí, las abuelas son una buena fuente para construir historias... pobres igual, en general no salen bien paradas, jaja. Yo escribí una sobre "La abuela Chichita", creo que lo viste.

Un abrazo, Darío.

Jazz dijo...

Muy bueno, me gustó mucho.
Felicitaciones!!!

Jr. dijo...

Darío: Si, me acuerdo de haber leído tu cuento.

Mi abuela es algo más patológico, pero creo que en general las abuelas dan mucho de que hablar, y como decís, no salen bien paradas.

Agus y Jazz:

Gracias, que mi cuento sea bien recibido me alienta a seguir escribiendo

Mariano Galíndez dijo...

me encanto joaco

Mercedes dijo...

Ay joaco!!!

Jr. dijo...

Gracias primoooos!