jueves, 26 de julio de 2012

La verdad no importa

Los medios de comunicación masiva son una tragedia, no solo por lo que transmiten, sino por el hecho de haberse convertido en los que son hoy en día. Es una mirada un poco decadente a la cual normalmente me opongo, pero es necesaria teniendo en cuenta que son herramientas creadas para informar, entretener y principalmente comunicar, a las cuales nos vemos expuestos casi constantemente, incluso cuando tratamos de aislarnos.
 Lo que quiero hacer es un pequeño análisis y crítica, y relacionarlo con lo que significa la comunicación en sí.

El problema medular es la subjetividad e intencionalidad de los discursos. Nada (o muy poco) es desinteresado en los medios, todo tiene alguna puja detrás, y se quiere generar una determinada reacción, sin hablar de implantar ideas, opiniones e ideologías. Vendría a ser como una corrupción y contaminación de la comunicación. Se pierde la esencia fundamental, que es comunicar, suplantándola por las de impresionar y convencer (o tal vez engañar), dejando en un segundo plano a la verdad. Pero ¿es realmente una contaminación?. Tal vez la comunicación sea eso, una artimaña de oraciones dichas para influenciar y generar una respuesta, un concepto, un sentimiento.
 Cada una de las palabras es dicha y elegida con cautela cuando hablamos con alguna intención. Esto fue desarrollado por los Sofistas en los tiempos Presocráticos como método discursivo para poder ganar un debate aún sin tener la verdad. Pero me atrevo a despreciarlo, ¿que pasó con la objetividad?. La comunicación debería ser más sincera, más limpia. Estamos en el medio de una vorágine de información que no es clara, y, para colmo, está infestada de publicidades.
 Lo cierto es, que al estar los medios controlados por distintos monopolios (ya sea privados o estatales) hay una clara bajada de línea. Queda en manos de nosotros desarticular y articular la información para poder dimensionar la realidad de lo transmitido. El gran problema es la diversidad de interpretaciones. Termina habiendo tantas verdades, que nos quedamos sin ninguna.
 En conclusión: este tipo de comunicación, termina incomunicando.

5 comentarios:

Darío Martelotti dijo...

Cuando la pretendida era de la comunicación se transforma en lo que es, simple era de la conectividad.

Nos toca a hacer contra-información, tal cual. Lo bueno de saberlo es que desde los papeles como receptores estamos lejos de un rol pasivo.

Y quiero hacer mi aporte al texto con una cita que me parece dar en el clave: “Los discursos no son únicamente signos destinados a ser comprendidos, descifrados; son también signos de riqueza destinados a ser valorados, apreciados y signos de autoridad destinados a ser creídos y obedecidos…". Después: "EN LA VIDA ORDINARIA ES MUY RARO QUE LA LENGUA FUNCIONE SÓLO COMO PURO INSTRUMENTO DE COMUNICACIÓN”.
Los estilos expresivos, así, cobran valor social y eficacia simbólica.

Vaya problema la comunicación. Abrazo Jr. Darío.

Jr. dijo...

Muy bueno tu aporte Darío, otro abrazo!

Jazz dijo...

Es efectivamente así, lo que creo es que deberíamos hacer una diferencia entre comunicación e información.
La comunicación requiere un ida y vuelta que la información no requiere, es allí en donde se esconde la trampa.
La información mentirosa es culpa de los medios que defienden intereses; la comunicación depende de nosotros, porque hay comunicación cuando alguien habla pero cuando alguien escucha y responde o hace saber al otro que ha sido escuchado.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

eh viejo como andas?
bsas

Jr. dijo...

Jazz: Yo creo que con el simple hecho de que alguien envíe un mensaje y alguien lo reciba ya existe comunicación.

Marcos: Hey, ahora estoy enfermo, pero bien bien. A ful con la música! vos?