jueves, 14 de enero de 2016

Fuerza invisible

Hacer dedo es como buscar agua en el desierto, la diferencia es que en el desierto uno va a buscar, y haciendo dedo uno tiene que esperar que el agua aparezca como por arte de magia. El agua, en este caso, es una persona que tiene ganas de ayudarte, de salvarte la vida.
Tal vez parezca que estoy siendo drástico, pero después de estar 5 horas al rayo del sol viendo pasar autos vacíos el corazón te da un vuelco, el ánimo te juega malas pasadas, la metáfora se te hace carne y te entierra en la desesperanza.
Cuando una persona es agua, cuando te devuelven a la certidumbre, la humanidad se vuelve humana.

Un tipo paró y como vio que la estábamos pasando mal nos dio una cerveza helada que llevaba en una conservadora llena de hielo. No iba hacia nuestro destino. A los 5 minutos volvió, se desvió de su rumbo para alcanzarnos hasta un lugar más apto para que nos levantaran. Era todo un personaje, iba fumando porro y chupando birra mientras nos contaba historias de caza. Nos dejó en un puesto fitosanitario.

Pablo Mario no nos iba a llevar, pero se arrepintió y nos tocó bocina. Nos levantó en el fitosanitario y nos llevó hasta Carmen de Patagones escuchando samba brasileña. Nos invitó a tomar unos mates y nos terminó dejando acampar en el patio de su casa, frente a la costa del hermoso río negro.
El río negro es bastante particular. Separa las ciudades de Viedma y Carmen de Patagones. Tiene aguas frescas y al estar tan cerca del mar también es afectado por la marea, es un río como temperamental, se achica y se agranda, te acoge en sus aguas, se lleva los prejuicios.
Particularmente me costó bastante confiar, me resultaba muy extraño que una persona, así de la nada, te levante en la ruta y te ofrezca su casa, su agua, su comida, su hospitalidad. Nos trató como si fuéramos sus sobrinos... ese mismo día que habíamos estado sufriendo en la ruta el vacío extenso de un desierto.

Pablo Mario fue como un Sensei, es gracioso decirlo así, pero no hay otra manera. Nos educó para el resto del viaje, como el río negro, nos limpió la carga de la desconfianza, nos refrescó la humanidad, nos mostró que este mismo mundo que a menudo se torna tenebroso está plagado de buenas intenciones, y que éstas dependen de uno, de cada uno.
El último día, cuando nos alcanzó hasta la terminal, nos dijo que todo esto es una fuerza invisible, la fuerza la impulsamos con nuestros actos "ahora es responsabilidad de ustedes", terminó.

Todos podemos ser agua, más aún cuando todo se torna desierto.

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